jueves, 21 de septiembre de 2017

¿PARA QUÉ SIRVE LA HISTORIA?

   La Historia cuenta un conjunto de hechos que ya han pasado, se aprenden de memoria y sirven para tener cultura general. Todos hemos pensado eso alguna vez, pero aunque algunos se empeñen, es sólo una verdad a medias. Antonio Gramsci escribió: Me gusta la historia porque se ocupa de los hombres vivos, y todo lo que se refiere, a los hombres, al mayor número posible de hombres, a todos los hombres del mundo en cuanto se unen entre sí en sociedad, y trabajan y luchan y se mejoran a sí mismos.
   Piensa en esto: cuando algo o alguien nos gusta nos sentimos atraídos, deseamos conocer, saber qué y cómo es. No se trata de amar la Historia sino de conocerla y poderla interpretar. Y eso ya es mucho.    
  Aunque a veces lo olvidarnos, nosotros también seremos pasado para generaciones futuras, y lo poco o mucho que haga­mos en nuestra vida no querremos que se ignore o archive en un museo.
   Volvamos al principio. La Historia no es un cuento o una narración que debas memorizar. La Historia no existe hasta que las personas la construyen, la inter­pretan y le dan un sentido. En realidad, construir un hecho es resolver un problema. Por ejemplo, la cuestión no es ¿qué pasó en España en 1931?, sino ¿desde cuándo pueden votar las mujeres en España, por qué no podían hacerlo antes y por qué pudieron entonces? Pueden votar desde 1931, durante la Segunda República. No podían hacerlo antes porque se consideraba que eran inferiores, y lo hicieron entonces por las presio­nes y demandas de cientos de mujeres conscientes sobre los partidos políticos. Esto es un ejemplo de lo que debemos comprender y recordar.
    La Historia tampoco nos cuenta solo cosas que ya han pasado, sino que están pasando. Es como empezar a ver una película por la mitad: si no conozco el princi­pio no entenderé lo que está pasando ahora y mucho menos entenderé lo que pasará después.
   Aunque te parezca lo contrario, e! pasado no se conserva congelado como los mamuts en los hielos del Norte. El pasado no está muerto: quienes mueren son las personas, pero no sus ideas, sus sueños o sus esperanzas. Los antiguos egipcios, griegos o romanos, los hombres y mujeres del Renacimiento o de la Ilustra­ción, pertenecen al pasado como nos ocurrirá a noso­tros también dentro de algunos años, pero lo que estas gentes fueron, lo que pensaron e hicieron forma parte de lo que somos, A menudo rechazamos esta o aquella acción porque, según la sociedad en que vivimos, son aceptables o no, y si son aceptables es porque la sociedad las recibió así de generaciones anteriores. Como ves, el pasado influye en nuestra vida continuamente, no es un recuerdo, sino una rea­lidad viva. Y si lo ignoro, sí no conozco el pasado, no entenderé el mundo que me rodea. La incompren­sión del presente nace de la ignorancia del pasado.
   Pero el pasado no obliga. Por suerte, no nos dice lo que debemos hacer en cada momento. La Historia no es un maestro que juzga categóricamente lo que está bien y lo que está mal. Lo que hagamos en nuestra vida, lo que la sociedad llegue a ser es cosa nuestra. Todos conocemos a gente que piensa que lo bueno es lo que siempre ha sido así, lo que la sociedad acepta, y lo nuevo, lo insólito, lo que se sale de lo común es algo anormal que hay que rechazar. Lo que no nos explican es por qué las cosas son como se aceptan y no de otra manera. La historia nos enseña que lo que hoy se supone que es verdad, mañana puede serlo a medias o no serlo.
   ¿Te has parado a pensar lo difícil que es saber dónde empieza el presente y dónde acaba el pasado? Todo se crea en el tiempo. Vas a estudiar hechos que ocu­rrieron antes de que todos nosotros naciéramos. Las consecuencias son nuestro presente.
   Por último, la Historia no sirve sólo para poseer cul­tura general, sino, sobre todo, para conocer y com­prender la realidad. La cultura no se consigue simple­mente estudiando o leyendo, también hay que escuchar a los demás, dialogar con personas que pien­san y viven de forma diferente a nosotros. Personas alejadas de nosotros en el tiempo y en el espacio con una sociedad y una cultura distintas que no es posible juzgar y mucho menos sobre la base de los valores de nuestra cultura, en un espacio que probablemente no conozcas, pero que debemos entender porque la vida de cada pueblo está unida al lugar donde se produce.
   La Historia tiene que dar respuesta válida a los pro­blemas de hoy: explicar las razones de la pobreza, el hambre ,y el paro, ayudarnos  a luchar contra la degra­dación de la naturaleza y el racismo, enseñarnos a valorar y cuidar nuestro patrimonio artístico y cultural, a aprender practicando una serie de procedimientos, a querer saber y comprender, a analizar y criticar com­portamientos de otras personas, demostramos que las cosas no ocurren por casualidad ni son inevitables; sino que todo tiene sus causas. Enseñarnos a ser soli­darios y saber que un éxito mío es un éxito de todos, porque los pueblos y las sociedades se componen de personas; enseñarnos un vocabulario racional y operativo que nos permita comunicarnos más y mejor, y darnos un conocimiento claro de qué y cómo somos, porque sólo así podremos ser libres.
   La Historia es el estudio científico de las actividades y creaciones de los hombres en su época y en socie­dades muy variadas. En cuanto que personas, nos enseña a pensar, sentir y actuar; en cuanto que miembros de un grupo, nos aporta autonomía y nos inserta en nuestra comunidad. La Historia ha de afrontar la realidad con mirada crítica para transformar nuestro presente en algo mejor.


Esteban Álvarez. Historia y Ciencias Sociales. Ed McGraw Hill.1995

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